Sí, eres lo que comes

“Permita que la comida sea su remedio” (Hipócrates)

No es un secreto que las seis regiones del mundo con mayor expectativa de vida comparten una cultura ancestral de alimentación sana. Según el biólogo Antón Romaní (Executive MBA 2016), el hecho de que la esperanza de vida se incremente año tras año se debe “a una mejora de la alimentación, junto con otras medidas sanitarias”.

Los efectos de una dieta variada en nutrientes no solo se notan a largo plazo. También, según el experto, comer bien “contribuye al bienestar físico y psíquico de tal forma que te permite realizar las tareas diarias de una forma eficaz”.

Un ejemplo son los nutracéuticos: preparados alimenticios a los que se atribuyen propiedades beneficiosas para la salud. Romaní puntualiza: “Son fuentes concentradas de nutrientes que tienen un efecto nutricional o fisiológico pero no curativo. No se puede decir que un nutracéutico cura una patología sino que puede influir en la capacidad de las personas para retrasar, aliviar, modular o manifestar patologías”. Los probióticos, alimentos como el yogur o el kéfir que contienen unos microorganismos beneficiosos para el intestino, son un claro ejemplo de nutraceuticals: “son ampliamente recomendados por especialistas médicos para recuperar la flora intestinal después de terapias con antibióticos”.

Es tajante con respecto a los productos milagrosos: “no existen”. “Hay que asesorarse por personas cualificadas. No es lo mismo un nutracéutico que una terapia homeopática”. Con esta afirmación, aporta seriedad a dos temas que algunos se toman a la ligera debido, según él, al “desconocimiento de la fisiología corporal”. Así mismo, recuerda que los nutracéuticos no sustituyen totalmente a los nutrientes que las personas encuentran en una dieta equilibrada.

Es optimista con respecto al futuro reconocimiento de los nutriceuticals por parte de los sistemas de salud públicos. “Creo que podrían llegarse a subvencionar en personas donde el beneficio fuera claramente justificable”, dice.

Actualmente solo hay un probiótico clasificado como medicamento, pero no descarta que pronto otros puedan alcanzar ese estatus “debido a las evidencias científicas que se van descubriendo”. Al parecer, no solo son útiles para temas digestivos sino también para combatir “alergias, diabetes, control del peso o funcionamiento deportivo”.

Encontrarnos sanos de forma continuada pasa, pues, por conocer nuestro cuerpo y asesorarnos debidamente sobre todo lo que la naturaleza puede ofrecernos para cuidarlo.

 

Isabel Garzo

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