La opción diabólica

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¿Por qué han fallado las últimas encuestas? ¿Deberíamos arreglarlas?

En las dos elecciones más importantes de los últimos años (el referéndum del Brexit y la presidencia de los Estados Unidos), las encuestas han estado equivocadas. Todo el mundo estaba seguro de que viviríamos en un mundo con el Reino Unido dentro de la Unión Europea, y con Hillary Clinton como presidente de Estados Unidos. Sin embargo, aquí estamos, con los burócratas del Reino Unido preparando el terreno para el Brexit y Donald Trump preparado para entrar a la Oficina Oval el próximo mes de enero. ¿Qué ha sucedido?

En primer lugar, creo que las organizaciones que realizaron las encuestas realmente siguieron los mejores procedimientos establecidos. Sin embargo, estos procedimientos se basan en una gran suposición: la gente responde honestamente a las encuestas. ¿Y por qué esta suposición complicó la exactitud de las encuestas recientemente? Con el fin de responder a esta pregunta, echemos un vistazo a los principales candidatos a la presidencia de Estados Unidos en las últimas elecciones.

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La gran diferencia con el último par de candidatos (Clinton vs. Trump) es que uno de ellos – Donald Trump – ha sido más o menos demonizado. Eso no significa ser desacreditado solamente por sus oponentes (una práctica común), sino también serlo por parte de los medios de comunicación y casi exiliado por su propio partido. Bajo estas circunstancias, no es una sorpresa que (incluso en encuestas anónimas, sin rostro) algunos de los partidarios de Trump estuvieran reacios a revelar a priori sus preferencias políticas.

Una situación similar sucedió con el referéndum del Brexit, donde hasta las siempre acertadas casas de apuestas, fallaron. El Brexit fue presentado (por sus opositores, por medios nacionales e internacionales, autoridades, etc) como una opción aterradora y diabólica. De nuevo, esto pudo haber incidido en los encuestados para que respondieran con imprecisión acerca de su preferencia en la consulta previa al referéndum real. Tomemos en cuenta la experiencia previa con la situación política en Grecia, ésto ya sucedió allí un par de veces. En este caso, lo más notable es que cuando el partido de extrema derecha (Amanecer Dorado / Chrysí Avgí) entró por primera vez al parlamento griego, en 2012, las encuestas subestimaron su porcentaje en más de 50%. Curiosamente, en las siguientes elecciones (cuando el partido, que ya estaba en el parlamento, empieza a ganar cierta aceptación pública), las encuestas comenzaron a predecir su porcentaje con mayor precisión.

Es claro que muchas otros factores pudieron haber fallado en la predicción de los resultados de estas tres elecciones – las predicciones no son un asunto fácil-. En todo caso, el punto importante es el siguiente: estas predicciones erradas no pueden atribuirse fácilmente a un “error estadístico”. Esto último es aleatorio, en el sentido de que se puede sobre-predecir o sub-predecir cualquier resultado proporcionado. Sin embargo, las últimas predicciones erradas presentaron un patrón claro: subestimaron el porcentaje de aceptación que recibiría la opción previamente demonizada. Esto no es casualidad – es predecible.

Si este fuera realmente el problema, se puede arreglar fácilmente: simplemente se incluyen en la encuesta un par de variables medibles de “demonización” y luego se ajustan los resultados a favor de las opciones más demonizadas. Ahora bien, desde una perspectiva ética el dilema es ¿Se debería hacer esto, o no? ¿Deberían ser manipulados los resultados de las encuestas de esta manera? Realmente no sé como responder a estas preguntas. Pero, si los encuestados no responden con precisión a las encuestas, hacer públicas sus inexactas respuestas, con cierta precisión, resulta problemático.

By: Antonios Stamatogiannakis

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