¿Quién tiene éxito: Aquiles o Ulises?

El desolador canto XI de la Odisea narra el descenso de Ulises y su tripulación al Hades, el infierno “de puertas poderosamente trabadas”. Ulises, “el de muchos ardides”, tiene la intención de preguntarle al adivino Tiresias qué plan seguir para volver al hogar, la isla de Ítaca. Tras hablar con sus antiguos compañeros, con su madre, con Tiresias y con las mujeres y las hijas de muchos héroes, al fin, a Ulises se le pone enfrente Aquiles, “el semejante a los dioses”, el hijo de Peleo.

Al lector moderno le cuesta trabajo evitar la pesadumbre ante esta escena. Se encuentra con que Aquiles “el divino”, “el asolador de ciudades”, “el que rompe filas de guerreros”, aquel cuya cólera justifica toda una Ilíada, no es más que otra sombra, un simulacro, un alma en pena. Sin embargo, para Ulises, de modo sorprendente, Aquiles sigue siendo la viva imagen del éxito:

“Aquiles, ningún hombre es más feliz que tú, ni de los de antes ni de los que vengan; pues antes, cuando vivo, te honrábamos los argivos igual que a los dioses, y ahora de nuevo imperas poderosamente sobre los muertos aquí abajo. Conque no te entristezcas de haber muerto, Aquiles”.

Y sin embargo Aquiles le responde con algo que asombra escuchar de los labios del más altivo de los héroes: que preferiría servir en la casa de un hombre pobre, y estar sobre la tierra, que ser el rey entre los muertos. Él no se define como alguien que esté disfrutando de las mieles del éxito.

¿Va a tener, en cambio, éxito Ulises? Tiresias le vaticina que tendrá un final feliz para sus peripecias: “Y entonces te llegará la muerte fuera del mar, una muerte muy suave que te consuma agotado bajo la suave vejez. Y los ciudadanos serán felices a tu alrededor. Esto que te digo es verdad”.

¿Es la gloria —que a uno le honren como héroe— tener éxito, o es tener éxito la paz, la hacienda en orden y la tranquilidad de la vejez? El canto de Ulises es la narración de sus desventuras y de sus viajes, las hazañas que el propio Ulises cuenta a los feacios. Quizás eso sea tener éxito: poder contar lo que uno ha hecho, poder narrarlo, poder dar razón de todo lo que a uno le ha acontecido en el tiempo, trascender la potencia separadora del tiempo (un episodio, otro episodio, otro episodio más, etc.) y unificar lo vivido mediante un relato.

Fracasar, no tener éxito en un proyecto o en la propia vida, es no poder conectar las piezas sueltas (“I can connect / Nothing with nothing”. T. S. Eliot, The Waste Land), no poder continuar porque todo (esta parte de un proyecto y esta otra; mi vida profesional y mi vida familiar; mi personalidad y mi ambiente; mis valores y mi comunidad) está separado, roto o disperso en piezas. Tener éxito parece ser poder dar razón de lo que hacemos, en una historia coherente, y por tanto, si acontece algo inesperado o si no llegamos todavía a la meta propuesta (Ítaca), somos capaces de, aun así, integrar lo que nos pasa en un todo con sentido, en una historia. Uno así puede recomenzar, volver a empezar un nuevo capítulo, una nueva singladura desde la isla de los feacios, un nuevo canto. Tener éxito es poder recomenzar.

(Visited 25 times, 1 visits today)

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *