“La secularización es ahora una necesidad para que el mundo avance”

La frase la pronunció el filósofo británico Anthony Clifford Grayling –cuyos dos nombres se ocultan habitualmente tras unas asépticas iniciales– en un coloquio con el escritor Antonio Muñoz Molina y el fundador del Hay Festival, Peter Florence, en el papel de conductor del diálogo. Se empezó hablando de inmigración y la reflexión se encaminó hacia las aristas de la religión para desembocar más adelante en el rol decisivo de la educación.

“Estamos viviendo en un tiempo de ansiedad global sin precedentes. Por el planeta, pero también por las migraciones”, la voz de Grayling resonó en el Aula Magna del campus IE de Santa Cruz La Real, Segovia, en el marco del Hay Festival. “La historia nos enseña que la gente siempre ha migrado. Europa es un gran ejemplo de esto”. Estos movimientos de población enriquecen la cultura de los sitios donde recalan. Aunque para sumar lo primero es convivir.

Comentaba el filósofo británico, en referencia a las migraciones que está viviendo Europa en estos momentos, que tienen el problema de que la gente siente miedo por el trasfondo religioso de los que están llegando pues, en general, en Europa existen estados bastante seculares y la pasión por la religión nos queda lejana.

Muñoz Molina puntualiza que la sociedad se ha ido secularizando poco a poco, pero la iglesia no se ha separado de las autoridades civiles. “El problema es que la revolución liberal nunca fue lo bastante profunda como para crear una separación entre la iglesia católica y el estado. La gran victoriosa del franquismo fue la iglesia, la ideología del franquismo fue la católica extremista”, afirmó.

“Cuando hay una procesión las autoridades civiles van en primera fila”, señaló Muñoz Molina, que no dejó de airear la contradicción con el sentir de la sociedad, que acepta el divorcio o el matrimonio homosexual. Los motivos de esta defensa de la secularización son claros. “Necesitamos una sociedad profundamente secular para integrar a la gente que va a venir de muchos sitios”.

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Y Grayling coincidió, ampliando el sentido de la frase. “La secularización es ahora una necesidad para que el mundo avance”. Al mismo tiempo diferenció el ateísmo (una cuestión metafísica) de la secularización, que consiste en que la religión esté separada del Estado. El filósofo británico cree que la gente es mayoritariamente secular y además suele poner por encima de su religión principios humanos si ambos mundos confrontan.

Muñoz Molina introdujo otro aspecto conflictivo. “Con mucha frecuencia los creyentes están impacientes por sentirse ofendidos en su fe”. Pero en una sociedad multicultural tienen que convivir personas distintas. Con lo que se plantea hasta qué punto tenemos que frenar el derecho a la crítica o renunciar al ejercicio de la irreverencia, por ejemplo en el arte, por respeto a la religión.

El punto de equilibrio es complicado de encontrar. Y uno de los resortes más determinantes para no alejarnos de este punto es la educación. Pero antes, un poco de contexto democrático. Muñoz Molina apuntó que la democracia solo provoca entusiasmo cuando se ha perdido, pero no deja de ser algo caro y frágil. “España nunca había vivido tanto en libertad. Y paradójicamente ahora este sistema es considerado una herencia del franquismo”, mientras preguntaba retóricamente en cuántos países del mundo te aseguran que no te detendrán arbitrariamente al ir por la calle.

“No hay pueblos, una democracia es los ciudadanos. Y un ciudadano es un adulto que se caracteriza por tener o asumir responsabilidad”, prosiguió el escritor, antes de añadir que sin una buena educación pública no puede haber democracia, porque los que tienen dinero se buscan ellos la educación, citando a George Orwell.

A Grayling le gustaría que la educación sirviera para que los futuros ciudadanos fueran muy buenos haciendo crítica, así como unos contribuyentes sensatos a debates de importancia, como los relativos a conflictos bélicos o a migraciones. Muñoz Molina, por su parte, cree que la educación debería inyectar nociones esenciales, como que la tierra donde vivimos no es el centro del mundo ni la especie humana el culmen de la civilización, ni la razón lo único que gobierna el cerebro.

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