Especialización, inversión y otros retos del periodismo según Skipworth

Mark Skipworth, director adjunto de The Telegraph, pertenece a la generación de periodistas que tuvo que lidiar con la era digital cuando esta solo arrojaba incógnitas.

Ahora, que tanto los profesionales como los lectores se mueven mucho mejor en el nuevo entorno digital y social, su papel al frente de una de las cabeceras más reconocidas del mundo es el de seguir diferenciándose de tantas plataformas no profesionales, dar un valor añadido al periódico de papel y encontrar la forma de que este conviva con la edición digital de una manera provechosa para el lector.

La primera clave para que el periodismo profesional se desmarque de la oferta de contenidos existente en internet (blogs no profesionales, Twitter…) es, según Skipworth, la especialización. Lo comprobó en sus propias carnes, ya que tuvo la suerte de trabajar en un periódico local de Sheffield cuando la ciudad se convirtió en el blanco número uno de las intervenciones de Margaret Thatcher sobre el tejido industrial. “Hubo disturbios, violencia… Era un sitio fantástico para aprender”, recuerda el periodista. Allí descubrió lo importante que era para un reportero estar especializado.

Las áreas de especialización más demandadas fueron cambiando según el momento social y político. En la década de los 90, eran los temas de consumo los más requeridos. Posteriormente los medioambientales, seguidos de los científicos y tecnológicos, que aún ahora se mantienen en la cima. “La gente especializada es la savia oficial de cualquier medio. No se puede construir ninguna organización de medios de comunicación sin especialistas”.

Para conseguir esa especialización, el director adjunto de The Telegraph apunta a los contactos: “uno es tan bueno como la libreta de contactos que tenga. Es esta red la que le va a traer noticias exclusivas. Cuando uno es un profano en la materia, debe conseguir que alguien le enseñe y explique”.

Otro factor clave para distinguir el periodismo del “pseudoperiodismo” es la inversión. “El periodismo de calidad cuesta mucho dinero”, afirma tajante Skipworth. Y pone como ejemplo un reportaje que publicaron en The Telegraph hace cinco años sobre las escandalosas hojas de gastos de los parlamentarios, que intentaban que el estado les costeara desde la caseta del perro hasta la limpieza de la moqueta de su casa. “Para poder contar esa historia, tuvimos que poner a trabajar a dieciséis periodistas de la plantilla. Pero, después, la noticia dio la vuelta al mundo”.

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También es importante tener representación en el extranjero. “Los principales medios siguen teniendo toda una red de corresponsales, solo que esas redes han cambiado. Si antes había una oficina con cuatro personas en París, ahora tenemos ocho repartidos por Oriente medio”. Esto enlaza con el punto anterior: “los costes de historias como las de Siria son astronómicos. La seguridad del periodista, el transporte… Son historias que un bloguero individual no puede cubrir. Solo se pueden contar a través de organizaciones mediáticas de primera línea”. Gracias a esta inversión y a las oficinas de distintos países, es posible tener la cobertura veinticuatro horas que reclama el mundo digital.

Skipworth cree que ese valor añadido es reconocible para los lectores. “No somos una organización benéfica. Tenemos que mantener los ingresos. Si el público quiere estar informado de lo que ocurre en el mundo, tiene que reconocer ese valor y ese coste”. Considera que la cuestión comercial no es problema de los periodistas, sino de la sociedad, que tiene que darse cuenta de que los medios son un valor que hay que conservar y consolidar: “si no hay medios de comunicación, no hay democracia”.

Otra recomendación para diferenciar el buen periodismo es no dejarse llevar por el crecimiento del sector de las relaciones públicas. “Se creó para ayudar a los periódicos a que las historias fueran correctas, pero lo que está ocurriendo es que muchas veces los relaciones públicas tratan de controlar a los medios”. Por eso, los periodistas siempre deben estar pendientes de que no les estén inventando la historia: “vender una moto a un periodista es una forma de saltarse a la torera la libertad de expresión”.

El reputado periodista tiene una opinión clara sobre los comentarios en las redes sociales y en las ediciones digitales de los periódicos. “Antes, las cartas al director estaban magníficamente escritas. Cuando la redacción decidía que una era buena, la publicaba, y los remitentes se sentían satisfechas si esto ocurría. El problema ahora es que los que escriben son anónimos. Ahí hay una falta de equilibrio. También ha desaparecido el filtro editorial, que debería poder decidir si un comentario no merece ser publicado. Algunos son abusivos y tienen muy poco valor”.

¿Cómo puede entonces un periodista profesional diferenciarse ahora que cualquiera puede escribir sobre determinado tema y difundirlo? “Si queremos sobrevivir al mundo digital, los columnistas tienen que aportar un tipo de comentario distinto al que actualmente existe. Con más contenido, más enjundia, más análisis de expertos. Necesitamos comentaristas menos reactivos y más productivos a la hora de elegir temas e investigar”. Frente a las prácticas de muchos redactores británicos, que se limitan a responder a los asuntos del día sin mirar con una perspectiva más amplia, un buen periodista debería ofrecer “más contexto y más significado”, demostrar que tiene conocimiento informado y experto, si quiere diferenciarse de “un bloguero o un tuitero de a pie”.

Otro factor diferencial será la transparencia: “tuvimos que capear hace poco el temporal de una investigación parlamentaria sobre la ética periodística que no fue nada cómoda. Como sociedad, tenemos que llegar todos a la transparencia, en este y otros sectores, más que nunca antes en la historia”. El periodista considera que los lectores deben poder distinguir inmediatamente cuando consultan una web o un periódico si están ante periodismo independiente o si hay una empresa detrás.

Mark Skipworth finalizó su intervención con un mensaje positivo para las nuevas generaciones de periodistas: “aunque no hay ningún periódico nacional que tenga unas tiradas como las de hace treinta años, todos los periódicos de calidad han mantenido a su público objetivo. Cuando yo empecé, había 18.000 periodistas trabajando en el Reino Unido. Ahora hay 27.000. Hay muchas oportunidades para jóvenes que quieran entrar. Cuando hay una noticia muy grande, la gente sigue accediendo a las grandes cabeceras. Esa es una oportunidad que tenemos que explotar”. Y finaliza: “está muy bien enterarse a través del teléfono móvil de las últimas noticias, pero para estimular el debate, profundizar en la reflexión y formar opiniones hace falta un periódico de papel”.

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